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El Mendigogame se estrena con éxito

Viernes, 4 de septiembre de 2009 Sin comentarios

Mendigogame es un juego en línea que ha causado furor en Alemania. Con más de dos millones de usuarios activos, Pennergame (la versión alemana del mendigogame) se ha convertido en el juego en línea con más éxito del país.

Con la versión española de Pennergame, sus fundadores Niels Wildung (20 años) y Marius Follert (20 años) ofrecen a los internautas un nuevo concepto de juego de simulación. Mendigogame, traslada la escena del juego a un contexto actual de nuestra realidad cotidiana.

mendigogame

Otra peculiaridad del juego es que combina eficazmente la diversión de un juego online con el elemento comunicativo de las redes sociales, tal y como se ha podido comprobar en las versiones alemanas y polaca. Una singularidad más en la historia del juego es su divulgación casi autónoma: sus creadores no han invertido ni un euro en dar publicidad al juego. Éste se ha ido difundiendo mediante el marketing viral.

La adaptación del juego alemán al ambiente español ha sido una de las tareas básicas para los desarrolladores. Según su co-fundador Niels Wildung, en la elaboración de cada una de las versiones internacionales del juego “ha sido de suma importancia encontrar la atmósfera original del país”. La propuesta se localiza con ciertos cambios en distintos aspectos del mundo de los mendigos virtuales.

Cuando entras en mendigogame, lo primero es dar nombre a tu mendigo, como paso previo a la creación, luego, un mundo de posibilidades se despliega. Se puede recoger chatarra, robar, gorronear, jugar a la lotería, organizar peleas de mascotas, unirse a una banda, beber whisky o calimocho. Con suerte puedes comer un bocata de lomo o darte un baño en el Manzanares. Reventar una máquina expendedora de chicles o asaltar una tasca.

Me chirría la neurona al pensar en el mendigo que llega a esa condición forzado y a pesar de sus enconados esfuerzos no consigue salir de ella. Quiero pensar que el mendigo que retratan estos veinteañeros alemanes, es el de oficio, ese que se busca la vida, que en lugar de trabajar, pongamos por ejemplo, en pleno agosto en una obra, prefiere ejercer de frotaesquinas y apretarse algo de calimocho de cuando en cuando, mirando con mucho cuajo y una sonrisa en los labios a los esforzados trabajadores de la construcción.